Cuando los justos gobiernan

Foto: Caraota Digital

Orlando Viera-Blanco

Embajador de Venezuela en Canadá

La crisis provocada por el coronavirus será recordada como el cisne negro que de manera inadvertida vino a cambiar el mundo en lo político, social y cultural. Es la crisis más importante que ha sufrido una generación y sin duda producirá inmensos cambios en las estructuras de la medicina pública, en los hábitos cotidianos, en las estructuras de poder y las formas de conducirlo.

Venezuela lamentablemente entrará en una espiral incontenible de estallidos, producto de un país vulnerado por la anarquía, el autoritarismo y la corrupción... Al virus le acompañará el desabastecimiento, la falta de agua, de servicios básicos y combustible. En ese escenario la solución no es reprimir. Simplemente será marcharse del poder...

Sus días están contados

El mundo enrostra una situación compleja por inédita y mutante. Los países desarrollados-aplicando medidas de aislamiento, distanciamiento social, pruebas del virus, protocolos sanitarios y de conciencia, hasta lograr la vacuna-pronto habrán acabado con el coronavirus en sus territorios.

Es cierto que algunas naciones reaccionaron tarde o con lentitud en la activación de las capacidades para impedir el esparcimiento de la enfermedad. Pero el carácter, la rigurosidad, la disciplina y la fortaleza de estos países los hace resilientes para superar el flagelo.

En el caso venezolano hemos dicho que el único y gran responsable de la grave situación que se avecina fue la instalación de un régimen autoritario, desordenado, populista, charlatán, esto es, diseñado sobre la base de la depauperación inducida y masiva de la población, en la propaganda, la ideologización, y el derroche pornográfico de nuestros recursos. Un modelo de poder cuyo celestinaje, corrupción, mitomanía y desmantelamiento institucional comporta per se, un patología política grave.

La responsabilidad de prevenir, proteger y restituir consagrada en el capítulo séptimo de la Carta de las Naciones Unidas y tantas veces citada para el caso de la emergencia humanitaria compleja de Venezuela, llegará un punto de inevitable aplicación. No porque así lo decida El Consejo de Seguridad de la ONU, sino porque el quiebre humanitario al que llegará a Venezuela en semanas hará que el régimen de facto no tenga otra opción-en un escenario tope de pragmatismo político-que permitir el ingreso de la ayuda humanitaria del país. Un pragmatismo que atiende la máxima, salvarse primero ellos...

No hay que ser un letrado para entender que en Venezuela el minotauro del "sálvese quien pueda", desencadenará el sentido de supervivencia popular y con ello el desbordamiento, que se llevará en sus cuernos a la coalición dominante que nos llevó al peor estado de vulnerabilidad, miseria y pobreza que haya vivido en su historia. Es el precio que pagan las revoluciones de guillotinas. No es la peste. Es el odio.

 

Hubiese preferido otra muerte 

Como dijo el ex presidente Carlos Andrés Pérez en aquellos aciagos días que fue sorprendido con un golpe de estado y después injustamente expulsado de la presidencia por un pacto político anti histórico: hubiese preferido otra muerte.

¿No merecíamos lo venezolanos vivir una peste advenediza acompanada de una borrachera de socialismo y hombre nuevo que de qué han servido?

Jamás hubiese deseado que el país padeciera una situación tan penosa como la que vive y vivirá, como factor decisivo del cese de la usurpación. Tampoco hubiésemos pensado que una pandemia sería la variable que colocaría en jaque la dictadura en Venezuela. Siempre hemos pensado que la lucha ciudadana, la protesta organizada y disciplinada, incluso los quiebres de la coalición dominante y la reserva de nuestras FFAA, son la ecuación de rigor para salir de esta pesadilla. Pero ahora una pesadilla se ocupará de sacar otra tragedia, siendo la responsabilidad de prevenir, proteger y restituir promovido en su momento por Kofi Annan, el factor determinante para rescatar a Venezuela de la opresión, la anomia y la grave crisis epidemiológica que enfrentará el pueblo de José Gregorio Hernández.

 

El despertar de los justos

De toda tempestad amanece un día despejado y brilloso. Cuando nuestra inteligencia grupal ha sido alimentada por décadas por un prístino y monolítico sentido de oportunidad, libertad, justicia y derecho a la superación, no existe brazo capaz de torcer esa voluntad, que es cultural. Y veremos esa luz aspiracional.

El coronavirus vino a cambiar nuestros hábitos grupales. Ahora tendremos que redimir nuestras ansiedades, compartir más en familia, pensar colectivamente, dar más lo que necesita el desposeído para recibir de él paz y buena salud compartida. Hacernos más inmunes reconociéndonos más vulnerables. El coronavirus sentenció la superioridad. No habrá arengas, balas y cañones que paren la conciencia ciudadana. La tiranía está acorrala en su propia contumacia.

Dice el proverbio:
“Quien se niega tercamente aceptar la crítica será destruido de repente sin poder recuperarse” [...] Tienen 4 lustros rechazando todo lo que no se les asemeja...destruyendo inmisericordemente, por lo que agrega el pasaje bíblico: “Cuando los justos gobiernan, el pueblo se alegra”. Pues nada. Se alegrarán [el pueblo'] porque los justos vienen. ¡ Y de que manera celebraremos la recuperación !

@ovierablanco

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