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Ni elefante ni gallina: falso dilema amigo Seguías

Por José Gregorio Contreras

Desde esta columna formulé una invitación a politólogos y estudiosos de la política con el propósito de que un debate lucido, liberado de intereses y condicionamientos, partiendo de datos objetivos de nuestra realidad, ofrezca, a quienes toman decisiones desde la arena política, un marco consensual de ideas viables que den luces al momento oscuro que vive Venezuela.

Respetando las distintas posiciones que se han esbozado al respecto, en este necesario debate nacional, defiendo como tesis la inviabilidad e inconveniencia de proponer la negociación o elecciones como salida a la crisis política en un contexto de indefinición de la naturaleza del régimen político. Cuestiono por tanto la imposibilidad e inconveniencia de formular recetas abstractas, la pretensión de extrapolar experiencias a nuestra realidad que desprecian los datos que ésta nos suministra; la poca o ninguna importancia que se da a la necesidad de esa definición previa y cuestiono también la “ingenua” desestimación de todos los datos que dan cuenta de la real conformación de un régimen que no responde a esquemas de actuación política democrática.

El analista político Jesús Seguías propone una tesis contraria a la mía, en la que afirma: “El gobierno está más que definido desde hace más de 20 años. Yo digo que es un elefante qué hay que comérselo a pedazos y con mucha inteligencia política. Otros lo subestiman y creen que es una gallina que se come en una sola sentada. Esas dos lecturas generan estrategias diferentes. El tiempo demostró que es un elefante, y que la ruta para comérselo no es la insurreccional ni la armada. La razón es muy sencilla: no hay nadie armado para hacerlo. Por eso estoy ansioso por conocer una ruta exitosa que sea diferente a la electoral”.

Forzado estoy a responder que, con el hecho de señalarse que el gobierno (la verdad es que me siento más cómodo, en el orden conceptual, llamándole régimen por respeto a mi profesión y oficio de politólogo) está definido desde hace más de veinte años no queda por ello definido el régimen ni eximidos de una definición por parte de quienes lo estudiamos y debemos categorizarlo. Necesario, por tanto, resultará que establezcamos, en primer término, que es una definición, pues como base indispensable de un eventual acuerdo será necesario partir de un lenguaje común o compartido; de hecho muchos podrán decir que entienden la metáfora del elefante, pero todos, después de tener claro que es una definición, coincidirán en que esa imagen no define al régimen y también en lo inadecuado que puede resultar entramparse pensando en que ella agota la total complejidad de categorías implicadas y conjugadas en la configuración del mismo, alejándonos de las respuestas y soluciones que demanda nuestra realidad y que puede generar este debate; muchos también podrían indicar que ni la metáfora entienden y este escenario obviamente sería más desolador.

Definir es explicar de manera exacta y precisa el significado de una palabra, cosa o concepto. Es un juicio con el que se busca determinar y distinguir. Definir, como lo sostiene el filósofo Francisco Romero, es delimitar con precisión lo definido, separarlo idealmente de todo lo demás.

Por tanto, no puede darse por sentado que el régimen significa algo, sin dar una explicación exacta y precisa, que abarque la totalidad de lo que dicho régimen es y hace, exhibiendo para ello una clara correspondencia entre las ideas que del mismo se enuncian y lo que efectivamente éste es y hace. Entender la lógica de su funcionamiento requiere de esa definición previa. No definirlo es renunciar a conocer esa lógica de su funcionamiento y las fórmulas y escenarios adecuados para adversarlo y combatirlo, es renunciar a conocer que expectativas plausibles pueden formularse a partir del establecimiento de relaciones políticas con éste. Y, por supuesto, es renunciar también al análisis de viabilidad y de conveniencia de implementar estrategias que propongan como instrumento la negociación y las elecciones, para comerse poco a poco algo que, por no ser un elefante, resulte imposible comer.

Definirlo en términos reales implica ir más allá de las definiciones formales, de caracterizaciones deficitarias o interesadas que realizan sectores que se hacen llamar opositores e inclusive de las autodefiniciones que contra toda evidencia el régimen realiza para seguir aspirando a su legitimidad política y reconocimiento internacional.

Una verdadera o real definición del régimen supone el análisis histórico y político de las acciones que el régimen realiza en el orden fáctico y pasarlo por el tamiz de las categorías políticas; percibir o aprehender lo que realmente es, implica a su vez un esfuerzo intelectual honesto, totalmente alejado de pasiones e intereses.  Solo por sus frutos los conoceréis.

Al respecto, apreciado Seguías, de todo el universo de posibles e inescrutables ejemplos, me bastaría con recordar uno en el orden personal, una clara advertencia, con la cual Aristóbulo Istúriz me respondió durante el desarrollo de un debate parlamentario, pues sin ningún rodeo ni reparo de orden jurídico constitucional, este, para entonces Diputado del PSUV, nos preguntaba sí no estábamos claro de que ellos avanzaban hacia la construcción del Estado Comunal.

Las acciones del régimen que en el ámbito comunal habían precedido y han seguido a esa afirmación son, entre muchas otras útiles para definir y para categorizar al régimen. Acciones como estas, siguiendo el método de análisis político que he propuesto, a mí me resultan útiles para conocer la lógica que rige al régimen. Esto me permitió entender que no es posible llegar a acuerdos, que se pierde el tiempo y se torna inconveniente intentar debates, dentro de la lógica del Estado de Derecho y de la democracia, con interlocutores de un régimen  que actuaba, que sigue y seguirá actuando dentro desde su lógica revolucionaria, autoritaria y totalitaria y que son estas lógicas de acción ajenas al derecho y a las reglas democráticas la base y premisa de todas las decisiones que el régimen toma.

Desconozco las razones qué le impiden llegar a esta conclusión percibiendo y analizando la misma infinidad de acciones que en estos años ha realizado el régimen fuera del marco constitucional y legal democrático al que aludo, esto, si fuere el caso de que no compartiera esta conclusión conmigo. Y en el caso de que si la comparta, cuáles serían aquellas que le hacen suponer que esa lógica de funcionamiento revolucionaria, autoritaria y totalitaria, se permitirá concesiones, al adversario (o enemigo) entregándole el poder en caso de ser  derrotados electoralmente, qué razón les hará dejar de funcionar dentro de esa lógica haciéndoles incurrir en  inconsistencias y retrocesos.

Me permito ir más allá del déficit comunicacional que produce en su discurso la figura de un elefante que no define al régimen. A esta falencia debe agregarse la inadecuada simplificación que con ella se hace de este tema tan complejo.

En primer término, no considero que las figuras utilizadas por usted sean útiles, menos que nos lleven a adecuadas apreciaciones de nuestra realidad política, por el contrario, nos conducen a un falso dilema que impide percibir el problema en sus reales dimensiones. El desafío que tenemos por delante no nos impone determinar si estamos frente a un elefante o a una gallina, impone un análisis que estudie la esencia y naturaleza, ideología, los valores y compromisos, las estructuras, las organizaciones, las operaciones y los recursos del régimen incluyendo las características de sus operadores políticos de mayor importancia e influencia. De modo que es mucho más que una caracterización que lo coloque en algún lugar de la fauna.

En ese orden de ideas, corresponde tener claro si es un régimen con vocación y aspiración de permanecer para siempre en el poder, si es un régimen cuya naturaleza es la dominación y el sometimiento de todo lo que se le oponga, a través de  la intimidación por la fuerza e incluso de la eliminación del adversario o enemigo.

Son inútiles esas caracterizaciones de elefante o gallina porque lo que realmente debe realizarse es un análisis que permita saber a qué régimen enfrentamos. Nuestra realidad política y nuestras posibilidades no están supeditadas a una averiguación condenada al fracaso y que por tanto no nos orientará en la acción. Construye un falso dilema quien nos pone, a partir de las figuras de un elefante y de una gallina, a definir estrategias que no son la consecuencia lógica ni política de una determinación impertinente y de imposible realización. Por lo demás resulta una tremendura afirmar en el orden político y también jurídico que todos aquellos que no negocian o votan en falsas e ilícitas elecciones, por efecto residual quedan en el limbo de la estrategia insurreccional, para la cual se niegan todo tipo de posibilidades. Duras declaraciones con un fuerte tufo a “moral utilitaria” y con tono condenatorio que omite toda consideración a la base constitucional de toda resistencia pacífica y al derecho a la asistencia internacional, ambos contemplados en nuestro ordenamiento jurídico.

Sorprende leer además que usted señale que “Ya todos los dirigentes opositores están de acuerdo en que la única ruta pertinente para un cambio en Venezuela es la ruta electoral. Este es un gran avance”. Sorprende porque suelo atribuir seriedad a sus opiniones y en este caso usted se permite una generalización que, más allá de servir para intentar crea una matriz de opinión, no es cierta ni seria; para ser seria tendría usted que mostrar los elementos serios o las pruebas con las que fundamenta esa generalización y lo cierto es que la existencia de una disidencia opositora contradice esa posibilidad probatoria; no es cierta su afirmación porque sencillamente no todos los dirigentes de la oposición están de acuerdo en eso y así lo han manifestado en infinidad de actuaciones políticas públicas. Nada indica al respecto que hayan cambiado de opinión en los últimos días; sobre todo debe tomar en cuanta usted para futuras incursiones que existe una clara convicción en estos sectores disidentes de la oposición dialogante, la certeza de que en este contexto de déficit total de democracia, las elecciones, en lugar de elegir, buscan consolidar estos marcos de dominación. Recurriendo a su metáfora, en lugar de pedacitos de elefante, son patadas o pisotones de elefantes los que reciben siempre quienes se acercan al supuesto festín.

Sobran las manifestaciones y constataciones al respecto; aunque no gusten a todos, son ampliamente conocidas por estudiosos de la política como usted. Hay una oposición muy clara a la que han tildado de radical porque ha sido muy firme y coherente en decir que el régimen lleva a cabo “elecciones” con el único objetivo de aplastar a sus oponentes, haciendo ver que ellos son invencibles, generando frustración y sembrando en la sociedad venezolana la creencia de que no hay nada que hacer, sino resignarse a vivir con la revolución, que hay confrontación entre poderes y no de voluntades democráticas. Y esto ha quedado demostrado en las diversas “falsas electorales” realizadas en Venezuela en estos tiempos  de revolución.

De allí, que participar en ese tipo de “elecciones” convocadas por el régimen, es darle la oportunidad de que este se legitime en su lógica revolucionaria y no democrática, haciendo ver además que la oposición que no acude a su llamado es la culpable de esa dominación por no participar en sus “falsas electorales”, es así entonces, que cuando se llama a “elecciones” en esas condiciones, conformándose con la elección de un CNE nombrado dentro de su sistema de funcionamiento, no se hace más que ponerle el avance al régimen en bandeja de plata con “elecciones” que lo que buscan es la dominación y nunca pensadas para elegir. Por lo tanto, cuando usted dice: “Lo que queda entonces es sentarse a negociar, en primer lugar, un nuevo CNE que sea confiable para todas las partes”. Podemos decir, en un lenguaje muy popular, “el muchacho llorón y lo mamá lo pellizca”, pues solo eso no basta.

Teniendo claro la naturaleza del régimen y observando los resultados de los “diálogos” y las “elecciones” en estos tiempos, podemos darnos cuenta para qué han servido y usted mismo nos da la respuesta cuando nos dice: “En este momento la oposición está en desventaja frente al gobierno, y sus condiciones para negociar están muy disminuidas. Los errores en política siempre, pero siempre se pagan muy caro”.

Y es cierto lo señalas, yo lo comparto, pero acotando que esa oposición que se ha sentado a dialogar está en desventaja, porque perdió la confianza de los venezolanos, que hoy están muy claros en cuáles han sido los resultados y para qué han servido esos encuentros; siendo así qué sentido tiene entonces insistir en la necesidad de negociar, me parece una contradicción, la cual se agrava cuando se señala que: “La oposición no puede seguir retardando las negociaciones. Si pasamos de marzo sin que haya acuerdos para elegir a un nuevo CNE confiable para todas las partes, creo que la oposición que sigue dudando en participar tendrá serias dificultades”.

No estimado Seguía, hacerlo sería persistir en el error. Ni con un nuevo CNE ni con la participación en las falsas electorales se resuelve el problema de fondo, que es cambiar al régimen. Le pregunto ¿Es distinta la situación en los estados Táchira, Mérida, Anzoátegui y Nueva Esparta por tener gobernadores que participaron en esas falsa electorales?

Considero por el contrario que si los principios deben privar en materia de la orientación de las acciones que deben definirse y ejecutarse desde el lado opositor, una sana actitud principista debe imponer a ésta, actuar como lo hizo Israel en el famoso caso del secuestro de Uganda. Y créame apreciado Seguía que no por casualidad pongo sobre esta mesa de debate, como modelo de actuación política, la posición asumida por un Estado en un caso de secuestro. Con ello aprovecho de dejar muy claro, una vez más, la importancia de analizar el contexto en el cual se despliega la actuación política con base en la definición previa del régimen y de sus actores a los fines de ponderar la aceptabilidad moral y jurídica, la viabilidad y conveniencia de negociar en ese contexto. Sin intenciones de satanizar a nadie, debo acotar, algo que todos deberíamos tener presente y de manera muy clara, a la luz de nuestras recientes experiencias en materia de política revolucionaria, y es que en estos quehaceres quienes normalmente dicen que están dispuestos a negociar “hasta con el mismo diablo” para alcanzar la paz o salir de una crisis, suelen ser sus representantes o el mismo diablo.

En ese caso de secuestro Israel tuvo siempre claro a lo que se enfrentaba, esta visión y determinación es lo que le ha faltado a esa oposición dialogante para dar la lucha, es por eso que hablo de unión de la oposición y no de unidad, pues si hay una oposición clara de lo que hay que hacer: crear una articulación de fuerzas internas con todos aquellos que tengan claro la naturaleza de régimen y otra que con sus actuaciones ha permitido el avance del régimen, entonces se impone que esa parte de la oposición reconozca que ha fracasado y se dé el paso a la UNIÓN entre verdaderos opositores que le devuelvan la confianza a los venezolanos, demostrando con sus hechos y actuaciones que están inmunes a la picadura de alacranes, para que juntos comiencen articular el apoyo internacional y así generar las condiciones que conduzcan a la salida del régimen.

Teniendo claro esto cabe perfectamente su afirmación cuando dice: “Si algunos no están en capacidad de asumir los nuevos retos con todas sus implicaciones y consecuencias, pues lo mejor es hacer un acto de honestidad política y apartarse para que otros hagan la tarea”. Yo agrego, esto es lo que tienen que hacer los “opositores” que con sus diálogos y participaciones en “elecciones” han contribuido a la permanencia del régimen.

En definitiva, estimado Seguía, no se requiere de un mayor análisis indiciario para inferir que un régimen con estas características no le interesa para nada eso que usted propone como fórmula, valga precisar que “Mientras se negocia la solución a la crisis política a través de elecciones confiables (porque sencillamente se agotaron las demás opciones), Maduro y la oposición deben acordar de inmediato enfrentar juntos las crisis de la pandemia y la económica.

Eso es lo que hacen los políticos verdaderos ante tragedias nacionales de grandes dimensiones”. Porque primero, no le interesa elecciones, y segundo, no le interesa resolver los problemas económicos que vive el país, es parte del plan para lograr someter a la sociedad venezolana a su modelo, es su lógica revolucionaria. Y lo demuestran aún más sus últimas actuaciones de sancionar por quince años a los diputados que participaron en las elecciones del 2015 y la orden de expulsión de la embajadora de la Unión Europea en Venezuela, ¿cree usted, con esto, todavía, qué el régimen pretende ceder en su naturaleza?

Es así que a la verdadera dirigencia opositora, como usted dice, no “…le quedan 3 caminos en este momento: renunciar a la política, irse del país o aprovechar todas las rendijas electorales que se presenten. La última es la que se está imponiendo”. No, le queda una sola: pensar bien lo que debe hacerse ante este escenario de secuestro y en todo caso, para interactuar con secuestradores, comenzar por realizar una definición del régimen en el que se apoyan sus ejecutorias, buscar la unión entre los que tengan claro que el régimen busca imponerse confundiendo la realidad, aislándonos para desvincularnos y utilizando el diálogo y las elecciones para imponerse, teniendo claro esto podemos romper con su diseño estratégico y recomponer la fuerzas para dar la lucha que nos llevara a la salida de esta desgracia.

Pecaría de iluso y expresaría yo una miopía política en último grado si me contará entre quienes, como usted dice, piensan que mis adversarios son una gallina que puede comerse en una sola sentada; créame que no lo hago, pero no hacerlo tampoco me lleva a pensar ingenuamente que se trate de un elefante que se pueda comer a pedazos; he dejado claro, con suficiente argumentación, que esas figuras no definen el problema ni permiten generar pautas adecuadas de actuación. Además de contener premisas falsas, su análisis nos expone a la injuria y subestima despiadadamente en este punto sin esgrimir una sola razón en su argumentación basada en pruebas que permitan pensar o inferir que esa sea nuestra estrategia y, peor, la cesta en la que hemos puesto todos los huevos. En cambio yo, por la honestidad y seriedad que siempre he adjudicado a sus posiciones, no creo que, más allá de los errores en los que pueda haber incurrido una omisión de análisis en el aspecto profundo del contexto, sea la suya una orientación para quienes desean hacerle el juego al régimen y requieran asirse de una argumentación light que evita a toda costa revisar las razones abisales en las que apoya su funcionamiento el mismo.

Ni elefantes ni gallinas. No estamos entre comensales. Cuestiono con respecto esta falsa visión dilemática porque deja por fuera la necesidad de racionalizar el momento político y como insurrectos a quienes asumimos la defensa de la racionalidad en la definición de una estrategia política.

José Gregorio Contreras, politólogo, Dr. en Ciencias Políticas, exdiputado de la Asamblea Nacional y profesor de la Universidad Central de Venezuela. 

Caraota Digital no se hace responsable por las opiniones, calificaciones y conceptos emitidos en las columnas de opinión publicadas en este medio.

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